domingo, 15 de noviembre de 2009

Las rabietas

A menudo, muchos padres y educadores tienen que sufrir la experiencia de pasar por las temidas rabietas de los niños.

Desde bien pequeñines ya empiezan a manifestar sus emociones a través de las rabietas. Cuando un niño-a tiene este tipo de comportamientos, significa que por su corta edad no puede canalizar su enfado o desacuerdo con algo, o simplemente, es la manera de llamar la atención de los adultos. Nosotros, dependiendo del tipo de rabieta que manifieste el niño, podremos actuar de una manera u otra.

A veces cuando un niño tiene hambre, sueño o esta enfermo, se encuentra más enfadado, por lo que nosotros podemos reaccionar cubriéndole sus necesidades, proporcionándole la mejor forma para que descanse, alimentándolo, y si no sabemos que le pasa, llevándolo al médico. Cuando el niño tiene cubiertas sus necesidades básicas está más tranquilo.

¿A cuantos de nosotros, nuestro hijo-a no nos ha formado una rabieta en algún lugar público?. Todas estas manifestaciones son llamadas de atención; el niño sabe perfectamente que usted, por evitar el ridículo, va a ceder a sus chantajes ya que está fuera de su territorio, pero usted debe ser más fuerte que él-ella, pues aunque lo pase mal las primeras veces, el niño, en las posteriores veces sabrá que no tiene nada que hacer.

Si el niño-a presenta una rabieta para llamar su atención ignórelo-a y si puede, váyase de la habitación. Una vez pasada la rabieta vuelva a la habitación y hágale entender que lo que ha hecho esta mal y dialogue con él de los motivos por los que se ha enfadado tanto. Evite enfadarse, gritar, insultar o pegar al niño, pues de este modo el niño consigue su propósito; usted le ha prestado atención aunque sea de forma negativa. Nunca debe perder el control de la situación aunque que le cueste.

Hay niños que al hacer rabieta se hacen daño, si es así cójalo en brazos, trasmitiéndole tranquilidad, intentando que no se haga ni le haga daño, el niño-a aprenderá a calmarse, luego una vez calmado dialogue con él.

En algunos momentos puede evitar las rabietas, anticipe los acontecimientos, por ejemplo, si está en el parque con su hijo-a y tiene que irse, dígale que se prepare, que le quedan cinco minutos. Haga lo mismo para que la hora de irse a dormir no sea tan traumática para el niño, ya que si desde pequeñito sigue un ritual, él ya sabrá que después de la ducha va la cena, y después de esta, la hora de ir a dormir.

Así pues, hasta los 3 años de edad hay que intentar evitar las rabietas o saber llevarlas, después habrá que enseñar al niño-a a canalizar sus emociones y frustraciones, dialogando mucho con él-ella.

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